Nachito llora por su casa

Artistas sufren pérdidas de sus viviendas y hacen llamado a las autoridades para ayudar a sus vecinos.
migue arce

El actor Sergio Galliani utilizó su cuenta oficial de Facebook para contar que lamentablemente perdió parte de su casa en Cieneguilla. El recordado ‘Nachito’ de ‘Al fondo hay sitio’  se mostró consternado en un video en vivo que transmitió desde la red social, a través de él relató que la entrada a su vivienda quedó sepultada, impidiéndole así el acceso. Sin embargo, indicó que esto es lo que menos le preocupa y pidió ayuda a las autoridades de país para sus vecinos y pobladores de Cieneguilla y Huaycán.

“Estoy transmitiendo en vivo, estamos con gente a la altura del km 28.5 de la nueva Toledo, el río se está comiendo todo, estoy con los pobladores, con agricultores, se les está malogrando toda sus tierras, ya por último mi casa, el río ya se comió la pista, la pared frontal en la parte de la rivera. Yo tenía una pared y ya se la ha comido la tierra, lo que pedimos aquí con los pobladores es apoyo porque la Municipalidad no se da abasto, a 300 metros esta la pista y esto va a llegar mucho más adentro. Lo que piden los pobladores es traer maquinarias para tirar rocas porque en la noche va a subir y habrá otro huaico. Yo estoy en el terreno al costado  de mi casa porque no puedo entrar”, dice Sergio en el video.

Tras ello, el actor, bastante triste por la situación que viene atravesando el país y tras ser testigo de cómo su casa es víctima de los estragos de la naturaleza, escribió un poema al lugar donde disfrutó con sus hijos y su familia.

                                                                “Hoy vi mi casa morir”

Hoy vi mi casa morir. Mis plantas ahogadas y mi portón destruido.

Un río rabioso por tanta maldad, escupió su ira contenida y mató una parte de mí…

Mató mis sueños y se llevó recuerdos…

Descargando su risa macabra disparaba petardos que hacían temblar la tierra.

Y tembló mi cuerpo y nació un miedo que se quiso convertir en llanto…

Pero no lloré. No lloré, porque no quería alimentar aún más esas endemoniadas aguas que venían desde muy arriba en forma de puño. De patadas. De combas asesinas.

Y cada sonido atormentaba mi tranquilidad. Despertaba mi sueño y vomitaba su rabia sobre el tapete de mis ilusiones.

Hoy vi mi casa herida, sangrando y moribunda.

Y escuchaba cada risa que nació ahí. Y veía a mi hijo trepado en el árbol. A mi esposa echada bajo los brazos del sol y sentí celos nuevamente. Pero sonreí porque el recuerdo pudo más que el dolor.

Y vi a mis hijas tomando vino bajo el manto fresco del guarango que ahora estaba nervioso esperando la muerte, porque con él se iría su fresca sombra y sus semillas secas.

Vi a mis padres sonrientes y a mi suegra chapoteando en la piscina como una quinceañera.

Me vi a mí mismo ahí de día y de noche. Tomando vino, leyendo un libro, escribiendo poesía muerta y cuentos no natos…me vi ahí de viejo sin el guarango, sin la piscina, sin la casa del árbol…sin nadie y sin nada…y mi casa muerta y mis plantas ahogadas y mi portón destruidos y mis sueños tratando de nadar en este río rabioso y desordenado…lloré y una lágrima volvió a alimentar la rabia contenida por años, por siglos de este río rabioso por tanta maldad.

Y no te odié. Porque tuya no es la culpa y mis sueños no son los tuyos…

Hoy vi mi casa morir y soñé los sueños que volveré a soñar y los recuerdos que volveré a dibujar…

(15/3/2017 Cieneguilla)