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OPINIÓN | Esther Capuñay: Corrupción e inseguridad

Hace tres días, mientras vivíamos la contagiosa euforia del fútbol, Transparencia Internacional dio a conocer un preocupante informe: Perú ocupa el primer lugar en corrupción en Sudamérica, y el tercero a nivel latinoamericano. El informe no hace más que confirmar nuestra percepción, la percepción de ciudadanos de a pie que sienten que vivimos en un país en el que, si no tienes dinero, no haces nada.

El reporte de Transparencia, que recoge información de diversos sectores socioeconómicos, señala que en el caso de nuestro país “el 39% de los entrevistados dijo que pagó sobornos o tuvo que hacer algún regalo a funcionarios para acceder a servicios escolares y hospitalarios, para obtener un documento de identidad o acceder a un policía o un juez”.

¿Le parecen a usted conocidas este tipo de acciones? Muchos hemos pasado por alguna de estas circunstancias o sabemos del caso de personas cercanas que lo ha hecho en distintas circunstancias, es decir, han debido resolver problemas ‘por lo bajo’ ´para poder llevar adelante un trámite o resolver alguna urgencia. Y es que lamentablemente, el ‘arreglar’ con la autoridad: policía, fiscal, secretario de juzgado, funcionario municipal o cualquier otro integrante de nuestro inacabable aparato estatal es casi una costumbre nacional.

Esto no solo debe preocuparnos, sino que debe motivarnos a plantear la honestidad como norma social; lo que exige el compromiso de todos. Las cosas empezarán a cambiar el día que nos demos cuenta que el ladrón más peligroso no es el que nos roba una cartera en la calle, sino el funcionario corrupto que nos roba el futuro.

Es una burla que nos exijan pagar puntualmente nuestros impuestos y que a cambio se nos pida tolerar un sistema que está cada vez peor. Para combatir a los corruptos no nos falta dinero. No nos falta tecnología, pues hoy más que nunca existen plataformas y herramientas que nos permiten agilizar la transparencia.

Tampoco nos faltan más leyes. Lo que nos falta es liderazgo, un liderazgo acompañado de un equipo comprometido y honesto, que impulse los cambios desde la cabeza. Porque el ejemplo hay que darlo desde arriba: si los funcionarios son honestos, eso se verá reflejado abajo. Y este es un tema que debe llamar nuestra atención porque la corrupción es la madre de la inseguridad. Como bien preguntaba un vecino de Independencia: ¿Qué ejemplo le damos a los muchachos si los encargados de cuidarnos son corruptos?