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Así cayó ‘el Cachetón’

Actualizado el 13 septiembre, 2021

La noche del sábado 12 de setiembre de 1992, hace 29 años, cayó ‘la Bestia’ o ‘el Cachetón’, como los agentes del Grupo Especial de Inteligencia (Gein), de la PNP –creado en 1990- apodaron al cabecilla del grupo terrorista Sendero Luminoso, Abimael Guzmán, fallecido este sábado.





La ‘Operación Victoria’ se inició aquel día bajo la conducción de dos tremendos sabuesos del Gein, Benedicto Jiménez y Marco Miyashiro, que habían logrado llegar hasta el círculo más cercano Gein, Benedicto Jiménez y Marco Miyashiro, que habían logrado llegar hasta el círculo más cercano de la cúpula terrorista.

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El último día en libertad de Guzmán se inició cuando los agentes Ana Cecilia Garzón (Gaviota) y Julio Becerra (Ardilla) llegan a una tienda al lado de la casa de la calle Varsovia 459 (antes Calle 1), en Los Sauces, distrito de Surquillo, donde vivían los senderistas Carlos Incháustegui y Maritza Garrido Lecca. Ambos habían alquilado la vivienda para esconder a los principales dirigentes de Sendero Luminoso, bajo la fachada de una academia de danza.

A LAS 8 P.M.

Con la alta sospecha de que allí se escondían los dirigentes senderistas, los agentes policiales solo esperaban la orden para ingresar. Solo había que esperar que se retirasen las visitas que habían recibido Garrido Lecca e Incháustegui.

Cerca de las 8 p.m. salen los invitados. Gaviota y Ardilla desenfundan armas, se identifican y gritan que nadie se mueva. Maritza Garrido Lecca grita. Incháustegui se abalanza sobre Ardilla, pero Gaviota dispara al aire. Los demás agentes entran en acción.

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Adentro, Ardilla corre tras Elena Iparraguirre. “Voy tras ella y allí estaba ‘Gonzalo’, Abimael Guzmán. Le puse el arma, le dije que si se movía, lo iba a matar”, relató Ardilla. Ahí nomás entra el resto de los agentes. “Tenemos al Cachetón, tenemos al Cachetón…”, “positivo para el Cachetón…”, se escuchaba decir a los agentes vía radio. “Ya perdí” alcanzó a decir Guzmán, resignado.

el dato

Los miembros del Gein, se abocaron a un arduo trabajo de inteligencia. Disfrazados de mendigos, músicos, recogedores de basura, encuestadores o ambulantes llegaron, finalmente, a identificar la guarida del sanguinario criminal.

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