OPINIÓN | Esther Capuñay: La Lima invisible

Esther Capuñay
Esther Capuñay
Actualizado el 2 febrero, 2018

Lima es una ciudad en la que, a vista y paciencia de todos, conviven dos mundos radicalmente distintos: la Lima de los privilegiados y la Lima invisible, separadas no por el muro de la vergüenza ubicado en La Molina y que la separa de Villa María del Triunfo, sino por la pobreza. Porque si hay algo que hemos constatado en nuestros recorridos y en nuestro contacto directo con el pueblo, es que gran parte de la pobreza de nuestro país se encuentra aquí en la capital.





A unos cuantos metros de Palacio de Gobierno se puede presenciar la escasez con la que cientos de limeños tienen que lidiar día tras día. Según datos oficiales, en Lima Cercado hay más pobreza de la que podemos imaginar. Y entre San Juan de Lurigancho, Comas y Villa El Salvador habría alrededor de medio millón de familias cuyos ingresos ni siquiera les permiten costear su canasta básica familiar. La pobreza urbana es una realidad. Así como hay distritos con menos del 1% de pobreza (San Isidro, San Borja, Miraflores); hay otros, como Puente Piedra y Ancón, que superan el 23%. En términos generales, el nivel de pobreza de Lima duplica al nivel de pobreza de Ica.

Es cierto que la pobreza no se puede reducir en un par de años y que no se puede caer en el juego del populismo, sin embargo, la Lima que sufre la pobreza es una Lima sin voz. Invisible ante quienes creen que la solución se reduce a construir un par de escaleras. Cuando nos reunimos con humiles dirigentes de base, lo que notamos son pedidos muy comunes: Las zonas más pobres de Lima necesitan agua, saneamiento, títulos de propiedad. En otras palabras, lo que exigen es ser parte de la formalidad y tener acceso a las mínimas condiciones de calidad de vida.


No podemos seguir ignorando a una Lima que clama por ser escuchada y que exige un trato justo: ellos no quieren que se les regale nada, solo piden encontrar formas para mejorar. Los hechos demuestran que la pobreza sale cara. Los vecinos que viven en las zonas pobres de San Juan de Miraflores, Villa María, San Juan de Lurigancho y otros grandes distritos, terminan pagando el agua más cara del Perú. ¿Es justo que los más pobres paguen más?

Nosotros creemos en una Lima mucho más digna y más justa. No dividida por muros ni por la desigualdad, sino hermanada en la prosperidad.

Isabel Acevedo
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