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OPINIÓN | Esther Capuñay: «Los Juegos Panamericanos no son un juego»

Actualizado el 25 noviembre, 2016

Ya estamos en marcha hacia los Juegos Pana­mericanos de Lima 2019, y más allá de seguir en la discusión sobre si se gastó bien o mal, debemos tener presente que el reto no solo es cumplir con ser un buen anfitrión y mostrar una bue­na infraestructura. Es una exigencia básica lograr una participación más que decorosa, debe ser exitosa y para ello tenemos que enfocarnos en brindar nuestro apoyo a los deportistas, pero un apoyo real, material y tangible, no solo moral.

En efecto, toda una vida venimos repitiendo que se debe apoyar el deporte, sin embargo, no existe una política educativa que lo impulse, tampoco se ven incentivos a la empresa privada que realmente apoya al deportista y mucho menos se ve que el Estado per­mita que los deportistas calificados puedan dedicarse solo a desarrollar sus disciplinas.

Hace algunos años tenemos campeones mundiales en diversas disciplinas, pero, ¿cuántos de ellos pueden agradecer al Estado por sus éxitos deportivos? Esa es una pregunta que deben hacerse las autoridades.

Debemos aprove­char estos juegos para de una vez por todas instituir de manera ofi­cial un real y constante apoyo al deporte y que el Estado cumpla su rol promotor creando las condiciones para que todos sumen en el objetivo de lograr deportistas de élite mundial. Material huma­no tenemos, nuestro mestizaje nos hace capaces de afrontar cualquier reto.

Es hora, entonces, de adoptar medidas de reforma estructural a diversos niveles del Estado, especial­mente educativa, a fin de incentivar la práctica de­portiva en los colegios y brindar las condiciones a los deportistas para desarrollarse a nivel competitivo. Si queremos dar la imagen de un Estado que promueve el deporte, debemos empezar por apoyar a nuestros deportistas.

Eso sí, todo ello debe venir acompañado de una real política de planificación en el corto, mediano y largo plazo, que no solo se cumpla durante los cuatro años de un gobierno sino de forma perenne y así, a través de la constancia, se pueda conseguir que nuestros deportes suban de nivel y no dependan de la buena disposición o ‘suerte’ de los competidores de contar con algún tipo de auspicio. Si se deja de lado el ‘ami­guismo’ a la hora de nombrar dirigentes deportivos para que verdaderos profesionales se dediquen a salir del pozo en el que estamos, entonces llegará el día en que podamos enfrentar una olimpiada en igualdad de condiciones.

Tan importante como desarrollar la infraestructura para los juegos será empujar todos el mismo carro hasta llegar a la meta.

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