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OPINIÓN | Esther Capuñay: “Respeta y cuida lo tuyo”

Actualizado el 13 enero, 2017

Es muy fácil reclamar a las autoridades y a los municipios que mantengan las playas limpias, sin restos de basura con tachos vacíos y que además haya un montón de serenos listos para cuidar nuestras cosas. Sí, claro, tiene usted toda la razón de exigir, total, para eso pagamos nuestros impuestos, estamos al día en los arbitrios y, por último, es nuestro derecho el que se nos haga caso.

Pero señor, señora, sea usted consciente y pregúnte­se cada vez que va con la familia a darse un rico chapu­zón en Agua Dulce, Barranquito y toda la Costa Verde entera, ¿qué hago yo para mantener limpia esa playa a la que voy cada domingo con toda mi parentela?

¿Será que usted lleva comida y bebidas en cantidad y una vez que terminan todos de darse un gran banquete sobre la arena dejan todo tirado, o lo meten en una bolsa plástica y al no ver un tacho cerca, digamos a un par de metros de distancia, simplemente deja todo ahí, bien enterradito para que nadie vea?

¿Será que si no ve servicios higiénicos cerca, como a unos cinco metros de distancia, le dice a los hijos pequeños ‘que hagan en el agua nomás’ porque no pasa nada?

¿Será que a la playa lleva bolso, cartera, celular, joyas, tres mudas de ropa, zapatos, y todo un arsenal de cosas que al final deja regados cuando se va al mar y si des­aparecen porque los amigos de lo ajeno están dando vueltas es culpa del serenazgo y la policía?

¿Será que si sabe que hay una playa contaminada igual prefiere veranear allí sin importar lo que le pueda pasar a usted y a los suyos por quedarse allí en lugar de buscar otro lado más seguro? ¿Y será que si ve una bandera roja indicando que el mar es peligroso, igual se mete usted para desafiar a la suerte?

Si responde que sí a alguna de estas preguntas, en­tonces está usted haciendo mal porque le está dejando a otros la responsabilidad de algo que debe empezar por casa. Es fácil exigir que las autoridades hagan todo por uno, pero es casi imposible cultivar el civismo y cuidar lo nuestro. ¿O es que en su casa también la ba­sura está tirada por todos lados y no exige a sus hijos que ayuden en la limpieza? Reflexionemos, y antes de exigir empecemos a cambiar las cosas nosotros mismos con el buen ejemplo. El Perú merece que los peruanos lo hagamos.

 

 

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