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Piscos y vinos con sabor emprendedor

Actualizado el 10 junio, 2021

A 30 minutos del centro de Lunahuaná (15 de ellos a pie), está el pacífico pueblo de Catapalla, donde parece que el tiempo se ha detenido si contemplamos la infraestructura de sus casas de adobe, sus calles de antaño y sus placitas con bancos de madera adornados con niños que juguetean en libertad y sin temores.





Allí encontramos a Elizabeth Cortez, una joven emprendedora que con esfuerzo y dinamismo ha logrado hacerse un lugar en el mundo vitivinícola de la zona. Eli, como la llaman de cariño, estudió para ser contadora, pero tras la muerte inesperada de su padre, no tuvo más remedio que hacerse cargo del negocio familiar: ‘Viñedos Cortez’ que fue iniciado por sus antepasados allá por 1925. En poco tiempo y junto a su madre y esposo, la joven logró sacar adelante este negocio, convirtiéndolo en una fuente de trabajo para decenas de familias y en uno de los preferidos de la zona por sus inigualables piscos, vinos y macerados elaborados de manera artesanal.

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LA HERENCIA

“Estudié contabilidad, pero siempre me gustó mucho la vitivinícola, sin embargo, a mi padre no le gustaba que estuviera muy metida porque es un trabajo muy fuerte. Cuando mi padre se va de este mundo, yo tengo que hacerme cargo del negocio y sacarlo adelante, por mi familia y por todos los trabajadores que siempre nos habían acompañado”, cuenta Elizabeth.

El negocio iba viento en popa. Al mes -nos cuenta- vendían hasta 100 cajas de vinos y piscos. Incluso, sus productos habían cruzado carreteLima, donde los pedidos eran cada vez más grandes. Mientras tanto, en Catapalla, en su tienda llamada La Rinconada, cada vez más turistas de todas partes del mundo, llegaban a deleitarse con el sabor del rico vino y pisco. Pero llegó la pandemia, que los ató de pies y manos, sin poder vender, distribuir ni dar trabajo a sus fieles colaboradores.

“La pandemia nos agarró cuando estábamos en el proceso de empacar los productos. Nos quedamos con todo. No sabíamos qué hacer. Tuvimos que echar mano de ahorros y trabajar nosotros mismos las tierras, mi mamá, mi esposo y yo apañamos, limpiamos el terreno y todo. Nadie podía venir a trabajar”, dijo.

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INCAURKO, SÚPER MACERADO

Pasaban los meses y la pandemia no paraba, al contrario todo se ponía peor. Un día Eli y su esposo decidieron hacer una caminata y llegaron hacia el Complejo Arqueológico de Incahuasi.

Allí, se percataron de la gran cantidad de eucalipto y matico que crecía. “Quisimos probar si podíamos hacer alguna bebida con estos elementos, los llevamos a la casa y agregamos naranja, ajos, kion y esencia de eucalipto y nos dio como resultado un exquisito macerado medicinal, al cual bautizamos como Incaurko, en honor al lugar que les dio la idea de este nuevo producto.”, contó.

El producto no demoró mucho en hacerse conocido entre amigos y familiares de la familia Cortez. A través de sus páginas sociales se logró colocar grandes pedidos incluso para la selva. De esta manera, la familia Cortez logró superar el momento crítico de la pandemia y también continuó dándole trabajo a decenas de personas.

Ahora, Eli sueña presentar su producto a diferentes concursos, tal y como hizo en anteriores oportunidades con sus vinos y piscos, los cuales recibieron hasta medalla de oro por su inigualable sabor y cuerpo. Sin duda que no hay pandemia que pueda con este espirituoso emprendimiento familiar de Lunahuaná para el Perú y el mundo.

el dato

Puede saber más de todos los vinos y piscos de Eli buscando en Facebook como Pisco don Cortez o escribir y llamar al 998265442.

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