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Venezolanos masacran familia de veterinarios para robar Ketamina

Actualizado el 20 enero, 2020

Una familia de veterinarios fue atacada por delincuentes venezolanos dentro de su local en el Ermitaño, Independencia. A los agraviados les sorprendió que los delincuentes se preocuparon en robar un potente anestésico con el que podrían dopar a  personas y hasta drogarse para seguir delinquiendo.



«Nos han tenido que reglar. Trabajamos acá quince años y es la primera vez que nos pasa esto. Dos venezolanos entran pero tendrían más cómplices esperando en un carro cerca», cuenta una de las víctimas.

La noche del sábado, los veterinarios se alistaban para cerrar su local en la calle Las Dalias. «Mi papá ya iba a cerrar pero aparecen los extranjeros. Esperaron unos minutos para preguntarle por la Ketamina. Él les dice que si tenía y cuando les da la espalda, se le van encima», dijo el hijo del jefe de familia.

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Es precisamente el joven, el siguiente en ser atacado por los venezolanos. “Me ven en la escalera y uno sube para encañonarme. Insistían con que les de la caja con los frascos de Ketamina. Al ver que golpean a mi papá salgo a defenderlo y me tiran al piso. Por poco me clavan un cuchillo en el cuello”, agregó.

Al escuchar a su esposo e hijo luchar contra los delincuentes, la dueña del establecimiento salió defenderlos. “Ellos estaban armados y en cualquier momento nos podían matar. Que ya no lleguen más delincuentes al país”, exclama la mujer que sufrió golpes en las piernas y brazos al ser empujada contra una escalera.

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Medicamento  puede matar

Los delincuentes  robaron 5 mil soles en efectivo y la caja repleta de frascos de Ketamina. “Ese material es muy peligroso. Aplicado en grandes dosis puede causar la muerte. Hace unos meses atacaron una veterinaria en San Martín de Porres y también se robaron la Ketamina”, cuentan los agraviados.

La familia señala que se pudo hacer algo más por ellos, pero la bulla de la reunión de un grupo religioso no lo permitió. «No estamos en contra de sus creencias, pero se reúnen todos los días y sus gritos son insoportables. Varios vecinos suben el volumen de sus equipos para evitarlos. Mientras nos asaltaban, una tía se asomó por la ventana y gritó por auxilio pero no la escucharon», refieren las víctimas en reclamo a la Municipalidad por permitir ese abuso de los religiosos que fue  un elemento distractor, aprovechado por los delincuentes.

Giancarlo Andía

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